El espacio de Gea

Entre la tierra y el cielo

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¿Arrepentirse de algo? Pues casi que sí, gracias.

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Pienso que una de las debilidades del ser humano es la de no saber asimilar bien las derrotas, los fracasos, los errores. Y esa dificultad le lleva algunas veces, en la necesidad de superarlos, a buscarles justificación o verles algún lado positivo.

Y con mayor o menor frecuencia se recurre al lenguaje para sentenciarlo.

¿Quién no ha oído eso de: “no hay que arrepentirse, pues de todo se aprende”; o también: “los reveses ayudan a ser después más fuertes”; o incluso: “superar la adversidad, nos hace salir reforzados”?

 

Y yo me pregunto... ¿Más fuertes para qué? ¿Más reforzados para qué?

¿Para tener mayor capacidad de aguante cuando las cosas vienen mal dadas?

Porque cuando van como la seda, cuando se tiene suerte en la vida, no se requiere de ningún aprendizaje previo para adaptarse perfectamente a la coyuntura feliz.

Parece, entonces, que esa experiencia de hechos negativos sólo sirve para asumir mejor la presencia de nuevos percances negativos.

 

Pues no. Me niego a aceptarlo como medio de aprendizaje. Y si hay que arrepentirse de algo, se arrepiente uno y punto, sin “positivarlo”. Otra cosa bien distinta es poder evitarlo, o estar capacitados en un momento dado para discernirlo. O impedir una desgracia. O descartar un sufrimiento. No, eso no podemos controlarlo.

 

No se ha de negar el hecho, la evidencia, la debilidad o la mala fortuna. Pero sí debemos analizar con objetividad cómo nos ha afectado, cómo nos ha marcado, en qué nos ha condicionado, qué cambios ha supuesto en nuestras vidas. Y todo ello sin recriminaciones, desde luego. Lo hecho, hecho está. 

Pero si los efectos han sido dolorosos, negativos o desestabilizadores, no vale escudarnos en el lenguaje y soltar eso de “me he hecho más fuerte”. Puro autoengaño. Porque esa fortaleza no se necesita para lo bueno, sino sólo para afrontar mejor un nuevo descalabro. ¡Vaya negocio!

 

¿Salir más reforzado de un sufrimiento para sobrellevar mejor el siguiente? Menuda perspectiva más poco halagüeña.

 

¿Aprender de los errores para asumir mejor otros? Absurdo. Sabemos que somos capaces de tropezar dos veces en la misma piedra (y tres... y cuatro).

 

¿Hacernos más fuertes, más curtidos, para soportar mejor un nuevo revés? Desmoralizador si nos paramos a pensarlo.

 

Es como si cuando nos rompiéramos una pierna, lo minimizáramos diciendo que así el callo que se generará en el hueso le dará más resistencia.

Tonto consuelo. Mejor no rompérnosla. Otra cosa es que no hayamos podido evitarlo. Pero siempre habrá sido un contratiempo, no exento de riesgos o secuelas.

 

Cierto es que en otras parcelas de la vida, en el campo científico, de investigación, etc., los errores pueden convertirse en experiencia, en afán de superación, en nuevo punto de partida. Pero en lo que atañe a los sentimientos, al equilibrio afectivo de las personas, suelen pasar factura.  

 

Hay sufrimientos, desgracias, descalabros emocionales que son insuperables, que han dejado una huella negativa de por vida; que han desgastado y minado el alma, que han hecho enfermar; que han hecho renunciar, incluso, a seguir viviendo.

 

No. No hay que vender esa falsa retórica de que se sale reforzado de los contratiempos, de que nos hemos hecho duros, con coraza... ¿Para qué?

¿Para protegernos o escudarnos tras ella? Repito: para disfrutar de una relativa felicidad, no se requiere de ningún caparazón ni callo previo. Y aprender por aprender, mejor de los aciertos y los golpes de suerte que de los fracasos. ¿O no?

 

Yo sí que me arrepiento de algunas cosas que he hecho; pero aún más, infinitamente más, de las muchas que he dejado de hacer.

Pero lo que no haré, nunca, es minimizarlo tras una manida y estereotipada frase hecha. Que ya sabemos que el lenguaje es a veces muy engañoso.

Gea.

04/08/2007 19:58 Autor: alnilam. Gea. Tema: En prosa Hay 9 comentarios.

De la nostalgia y la melancolía

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Aunque prácticamente sinónimos, yo establecería un cierto matiz entre la nostalgia y la melancolía.

 

La nostalgia es, ciertamente, la pena o tristeza por el recuerdo de algún bien perdido. Y se entiende por bien perdido cualquier objeto o circunstancia, sea material o emocional: ausencia de las patria o del hogar, lejanía de los seres queridos, pérdida de un amor, desgarro afectivo, etc. O sea, hay un motivo desencadenante, una añoranza de algo o alguien, por lo que podríamos decir que tiene un carácter objetivo.

Curiosamente, la palabra nostalgia es de creación moderna, habiendo tomado las raíces griegas nostos (regreso) y algos (dolor).

 

La melancolía, para mí, tiene un carácter más subjetivo, más del ánimo, más imprecisa. La melancolía es una especie de tristeza suave, incluso a veces agradable, que anida en lo más hondo del sentimiento y nos obliga a recrearnos, aunque cause algún dolor, en algún recuerdo o vivencia que ha hecho especial mella en nosotros. Es como una nostalgia, sí, pero que se traduce en una determinada actitud de tristeza casi complaciente; es un estado de ánimo especial, a veces sin ningún desencadenante concreto.

 

No se puede negar que la palabra melancolía tiene una cadencia fonética preciosa... ¿no es cierto? Y, sin embargo, paradójicamente, el origen de la palabra no es ni mucho menos agradable. Viene del griego melanos (negro) y colos (secreción del hígado). O dicho de otra manera: bilis negra.

 

Antiguamente, la palabra humor se refería a la secreción o fluidos del cuerpo (los humores corporales). Así, se daba por hecho que si alguien estaba de determinado humor emocional, era porque un humor o fluido corporal había sido segregado por algunas glándulas desconocidas. En consecuencia, la melancolía era el humor que se debía a un exceso de bilis negra (que no existe, al menos como algo físico), y estaba considerada como una verdadera enfermedad, a la que incluso se le habían atribuido muertes.

 

Y en cambio, ahora, lo poética que resulta la palabra. ¡Menuda evolución!

Cosas de la lengua.

 

Gea.

22/08/2007 00:58 Autor: alnilam. Gea. Tema: De lengua y esas cosas Hay 7 comentarios.




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